Vidas propias

"Al llegar el viernes por la noche a la tele encuentro a Lydia destrozada"

20 de octubre de 2015, 11:28

Al llegar el viernes por la noche a la tele me la encuentro destrozada. Lleva dos días sin parar de llorar por la reaparición de Amable, un cubano que asegura haber tenido un rollo con ella hace nada más y nada menos que veinte años. La veo con tan mala cara que no puedo resistirme a pedirle una fotografía para Lecturas: ella acepta porque es una profesional y una bendita.

Lydia Lozano

Mi añorado Pedro Rodríguez –hermano de mi amiga Belén– decía hace ya muchos años que Lydia es un formato televisivo en sí misma. Pedro era un visionario. Lydia es uno de los mejores regalos que le puede tocar a un programa de entretenimiento. Un elemento impredecible que ríe cuando piensas que va a llorar y llora como una descosida cuando crees que se va a descojonar. Una de tres: Lydia debería donar su mente para la ciencia, clonarse o estudiarse en las más sesudas facultades de comunicación. El chuminero, por otra parte, debería convertirse en disciplina olímpica o, como mínimo, elevarse a la categoría de baile de salón.

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