El espectador

"Silvia Abril debería llevarse su sueldo, el de Shaila Dúrcal, el de Lolita, mitad del de Vicky Larraz y un tercio del de Manel Fuentes"

silvia abril

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Televisión Antena 3

27 de noviembre de 2015, 09:57

Hoy vengo de rodillas, pero no se asusten que no es por penitencia -eso deberían hacer los millones que vieron a Pedro Sánchez preparar un zumo mientras Bertín Osborne anunciaba sus productos en su propio programa-, sino por pura devoción. A pesar de lo frío que está el suelo a estas alturas del año, a pesar de uno ya no tiene veinte años y lo de forzar las rodillas no debe ser bueno, a pesar de poder acabar en urgencias con una contractura, a pesar de todo, tan solo se me ocurre arrodillarme para escribir sobre Silvia Abril. Es lo mínimo que se puede hacer cuando uno se encuentra ante una leyenda viva. Ya, ya, puede parecer que me esté pasando, pero en realidad me quedo corto. Debería dedicarle un altar en casa y ponerle una vela antes de cada actuación en 'Tu cara me suena'. Seguro que, como con los gatos chinos -esos del bracito-, ayuda a que el amor y el dinero entren por la puerta.

Reconozco que, de entrada, 'Tu cara me suena' tiene todos los ingredientes para no gustarme. Chistes forzados por guionistas que deberían ver un poco más 'El intermedio', un regusto de doble moral que lleva a menospreciar a los artistas a los que imitan, las voces de Carlos Latre que ya eran viejas cuando 'Crónicas marcianas', los excesos de Àngel Llàcer, Shaila Dúrcal, ella en sí, como concepto, y sobre todo, esa lucha en las redes sociales contra el 'Deluxe', que ha decidido que uno es bueno y el otro es malo, como si ahora estuviésemos aquí para juzgar, para pontificar. Pero incluso pasando por alto todo esto, algo en mi interior me empuja a verlo y, para mi sorpresa, disfrutarlo. Y gran parte de esta necesidad imperiosa la tiene Silvia Abril. También Ruth Lorenzo imitando a Jessica Rabbit, pero eso es otro tema.

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Lo que hace la catalana en cada una de las galas es de Medalla al mérito en el trabajo. No solo defiende su propia actuación, con sus coreografías si hace falta -Britney Spears, allá en Los Ángeles, todavía está llorando tras ver su imitación- y su despliegue vocal -a veces incluso despiece-, sino que durante las cuatro largas horas de programa se dedica a amenizar las valoraciones, jalear al público, subir escaleras, bajar escaleras y descolocar a todos los presentes con una rapidez mental envidiable. Sus intervenciones consiguen que un show que podría quedarse simplemente en entretenido pase a ser un despiporre, que es lo que debe ser la televisión un viernes por la noche. Además, así hemos conseguido que el programa deje de llamar a Santiago Segura para la cuota de humor. Gracias a Dios.

Silvia Abril debería cobrar el doble por lo que hace en 'Tu cara me suena'. Debería llevarse su sueldo, el de Shaila Dúrcal, el de Lolita que no fue el otro día porque se supone que le dolía la espalda, mitad del de Vicky Larraz y un tercio del de Manel Fuentes. Y ya puestos, que le pasen el de Miguel Temprano en 'Espejo público' y los de los dos cocineros que no son Chicote en 'Top Chef'. Ah, y el de Pilar Rubio en 'El hormiguero', que tampoco lo necesita. Eso sí sería justicia social y reconocimiento profesional, algo de lo que andamos muy escasos siempre que no se trate de políticos. Por cierto, ¿para cuándo Albert Rivera como artista invitado? Total, debe ser ya el único formado que le queda por pisar, y el único donde todavía no le han hecho la pelota. Ejem.

Si España no fuese España, algo totalmente imposible viendo sus audiencias televisivas, Silvia Abril tendría un programa a su medida, como ocurre en las cadenas americanas. Un show loco y contenido donde desplegar todo su universo. Claro que en América también se hubiesen rendido a la actuación de Lydia Lozano vestida de El Greco y cantando por Barbra Streisand, pero, claro, como aquí fue en 'Sálvame'... Ay, los prejuicios, qué caprichosos, qué poco fundados.

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