El espectador

"Mila es todo lo que un programa necesita"

El hombre confuso
Mila Ximénez
Gtres

11 de diciembre de 2015, 09:38

Empezaría esta entrada con un sentido 'Querida Mila' pero no hay nada más pasado de moda que las cartas abiertas. ¿Qué necesidad hay de dirigirse a un hipotético lector cuando puede hacerse a todo el mundo? En el fondo, tan solo un interés velado de que esa persona en concreto nos lea y comparta el asunto en sus redes sociales. Ya saben, si no estás en twitter no eres nada -¡yo estoy!-. Si quisiera mandarle una carta a Mila Ximénez lo haría a la antigua usanza. Cogería un papel, un boli, escribiría todo lo que tenga que decirle -sin que nadie se enterara, claro-, lo metería en un sobre y volando a las puertas de Telecinco. Supongo que alguien se encargaría de dársela y la pobre tendría que leer unas líneas que ni le van ni le vienen. Es el precio de la fama. Hacerse selfies y soportar a fans tan pesados como yo. C'est la vie!

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Mila ha conseguido salvarnos en este letargo que se está convirtiendo el culebrón entre Belén Esteban y Toño Sanchís. En cuestión de cuatro días, ha saltado el escándalo, se han pronunciado los implicados, ha opinado todo el mundo y hasta hemos tenido un ingreso por vía de urgencia. ¿Pero esto no tiene que durar un par de meses para que salga rentable? A este ritmo, representada y exrepresentante se reconcilian antes de Nochevieja y celebran el día de Reyes juntos. Cosas más raras hemos visto. Menos mal que la polémica de Mila ha dado un poco de luz a tanto aburrimiento. No puedo ocultar mi devoción por la colaboradora más imprescindible de 'Sálvame'. Mila es espectáculo en estado puro. Es capaz de rasgarse las vestiduras en cuestión de segundos, mirar a cámara, lanzar un mensaje lapidario y coronarlo todo haciendo la croqueta por medio plató. Si eso no es televisión, yo ya no sé qué más puede ser.

Los fans de 'Sálvame' -los 'salvamelibers'- vivimos nuestro pequeño momento de pánico al enterarnos que la dirección había despedido a la colaboradora. ¿Por qué? ¡Por qué! Un comentario acerca de los batidos de Kiko Matamoros desataba el escándalo y conseguía que Mila desapareciese del plató, según ella, 'para no volver'. De entrada no nos lo creímos, claro. ¿Queda algún colaborador que no haya cogido el bolso y se haya marchado en plena grabación por cualquier tontería? Pero cuando la propia Mila tuiteó por la noche que se había acabado el show entramos en shock. ¿De verdad esto está pasando? Menos mal que, viendo la repercusión de la noticia, las fuentes oficiales pronto se animaron a pronunciarse y dejaron todo en una llamada de atención para que no levantara la piedra de la publicidad encubierta. Mila estaba a salvo y con ella, nuestra salud televisiva.

No se me ocurre una noticia peor para el universo 'Sálvame'. Como mucho, que Kiko Hernández dejase de recibir bombazos en su móvil -¿es el único que trabaja?-, pero poco más. Mila es todo lo que un programa necesita. Vive los dramas al máximo, tiene sus enemigos propios y no duda en arremeter contra ellos, cambia de opinión cada cinco minutos y trata de callarse las informaciones hasta que grita su '¡ya me habéis calentado!' y lo cuenta todo. Un clásico que siempre funciona. Es la combinación perfecta entre la espontaneidad de Belén Esteban, el clasismo de Terelu, el carácter de Matamoros y el sentido del espectáculo de Lydia. Imita mejor que nadie y conoce a todo el mundo de la época de Marbella. Ha perdido peso en directo, canta la sintonía del programa, es la más lista de los colaboradores y casi fue la estrella de 'Supervivientes'. ¿Qué más se le puede pedir? Nada, desde luego.

Únanse a este canto y pidan conmigo que nunca nos falte Mila. La televisión la necesita. Y nosotros también.

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