El espectador

Lydia Lozano es la colaboradora contra la que todo el mundo puede arremeter sin que pase nada

El hombre confuso
Lydia Lozano

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Sálvame

22 de julio de 2016, 10:35

'Querida Lydia, hace tiempo que quería escribir sobre ti y esta semana me he animado a hacerlo'. Así empezaría la carta que me gustaría enviarle a Lydia Lozano. Una carta de esas abiertas que tanto le gusta escribir a la gente y que, en realidad, no es más que un grito desesperado para que alguien les haga caso. Y como yo no tengo el cuerpo para desesperaciones con este calor -¿cuánto queda de verano todavía?-, mejor aprovecho esta parcelita que me deja Lecturas cada semana, que la tengo ya organizadísima y como los chorros del oro. ¡Así da gusto! El día que quieran pasar por aquí, avisen y les preparo café, pastas y hablamos del 'affaire' de Olvido Hormigos, que está la cosa interesantísima y calentísima. Yo voy con Olvido, claro. Pero volvamos al tema.

El linchamiento al que se somete cada día a Lydia Lozano en 'Sálvame' es totalmente injustificable. No pasa un a semana sin que alguno de los colaboradores -o incluso de los presentadores- acabe dándole la vuelta a la polémica de turno para que sea Lydia la que termine cargando con las culpas. La colaboradora se va arrinconando antes las acusaciones, con o sin fundamento, de sus compañeros hasta que, claro, termina explotando y deshaciéndose entre lágrimas. Es entonces cuando, lejos de arrepentirse, aprovechan para recriminarle su victimismo y se enfurruñan por hacerles quedar en mal lugar, ¡cuando han sido ellos los que han provocado la situación! Servidor, desde luego, hace tiempo que no entiende nada...

Los espectadores, los que estamos en casa merendando mientras vemos el programa, desconocemos lo que ocurre entre bambalinas. No sabemos nada de las relaciones personales fuera de cámara. Pero sí vemos como, en plató, unos ejercen de acusadores y otros se defienden como pueden. Y eso, quieran o no, termina generando empatía hacia el que sufre. No somos robots, no tenemos la capacidad de desenchufar nuestras emociones. Cuando vemos a una colaboradora llorando ante los ataques de sus compañeros, nos ponemos en su lugar. Parece mentira que todavía no se hayan dado cuenta. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido esa impotencia, ese nudo en la garganta, esas lágrimas que tratamos de contener sin éxito. Todos, desgraciadamente, hemos sido Lydia alguna vez.

La colaboradora se enfrenta hoy mismo a un momento complicado. Va a reencontrarse con Mila Ximénez en el 'Deluxe', después de las durísimas palabras que ésta le dedicó aquí en Lecturas el pasado miércoles. Resulta curioso que, ante la cantidad de críticas que ha recibido Mila a lo largo de su estancia en la isla, tan solo se centre en el papel que ha tenido Lydia Lozano. Todos vemos, o intuimos, que detrás de tanto ensañamiento hay otros motivos ocultos, algo que ha hecho que Mila focalice su ira hacia la colaboradora. El problema es que los espectadores desconocemos todos estos argumentos internos. Tan solo vemos a una colaboradora lanzando acusaciones veladas hacia otra -el 'ay, si yo hablara'- y eso juega en contra de Mila. Deberíamos esperar a que ambas pusiesen sus cartas sobre la mesa. Aunque, claro, si sus compañeros alimentan el fuego, ¿cómo no vamos a posicionarnos ya?

Lydia se ha convertido en el blanco fácil. Es la colaboradora contra la que todo el mundo puede arremeter sin que pase nada. Es la protagonista de un juego demasiado perverso. Se ha vuelto incapaz de defenderse en el cara a cara y eso deja mucha cancha libre a los demás. Ese es el miedo del que habla. Lydia vive aterrorizada. Sabe que, en cualquier momento, incluso cuando mejor se lo está pasando, alguien lanzará un dardo y ella no se verá con valor de pararlo. No son los demás. Es ella misma la que lo genera. El problema es que el sufrimiento también es adictivo. Cuesta mucho salir. Ojalá algún día lo consiga y volvamos a ver a aquella Lydia que recordamos de 'Tómbola' y 'A tu lado'. Nosotros la echamos de menos. Estamos convencidos de que sus compañeros también. Incluso Kiko Hernández. Ese sí sería el comienzo de una nueva era.

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