El espectador

"Jesús Castro no interpreta bien, no pronuncia bien y ni siquiera seduce bien"

Jesús Castro
Jesús Castro en Mar de plástico

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Televisión

20 de noviembre de 2015, 09:33

El lunes por la noche, aprovechando la fiebre que me ha acompañado a lo largo de los últimos días, hice un experimento sociológico. No, no metí a doce desconocidos en mi casa y llamé a Mercedes Milá para que presentara una gala a través de skype. Podría haberlo hecho, pero no. Motivado por una de las brillantes -y perversas- mentes pensantes que se esconden en la redacción de Lecturas vi 'Mar de plástico'. Y lo hice cómo debe hacerse: virgen. No tenía ni idea de qué iba la serie, no había visto ni un minuto de la misma y mi único conocimiento sobre ella era que salía Jesús Castro, este sex symbol cañí, el latin lover que vino a quitarle el puesto a Rubén Cortada. De entrada tampoco parece un mal plan, ¿verdad? Sofá, paracetamol, litros de agua, una manta, pañuelos y la banda sonora de la serie sonando en el televisor. Podría haberme acompañado el mismísimo Jesús Castro, pero eso es ya pedir demasiado.

En un primer momento, no entendí nada. Engancharse a una serie cuando ya lleva unos cuantos capítulos es casi tan complejo como entender qué tronistas hay en 'Mujeres y hombres y viceversa' y por qué bailan sensualmente disfrazados de frutas -eso también lo han visto mismo ojos esta misma semana-. El pobre Jesús Castro quería pedirle matrimonio a una chica en lo que parecía un almacén de frutas -¿qué quiere decirme el destino con tanta presencia de frutas en mi vida?- pero la chica no estaba muy por la labor. El resto de empleadas la jalean y ella, al final, parece que acepta. Se dan un beso, él la mira con ojos golosos y ella hace como si nada. Cortamos plano y estamos en la calle. Jesús Castro pasea por una especie de parque con unos colegas y una chica le dice que pase de la otra, que qué hace con ella, y le baja el cuello de la camiseta para revelar que lleva un tatuaje nazi en el pecho, convenientemente depilado para que lo podamos ver. ¡Drama! Pero lo peor es que también estaba el hermano de la chica casadera y lo ve todo. Creo que empiezo a delirar por la fiebre.

Jesús Castro en Mar de plástico

Mientras tanto, Rodolfo Sancho, con una dicción envidiable, hace como de Guardia Civil y acude a la llamada de una mujer un tanto histérica porque un sospechoso individuo la está vigilando desde su coche. Allí que se planta Rodolfo y se encuentra a la mujer increpando al señor, le pide la documentación y éste dice que es el técnico del teléfono que viene a reparar no sé qué. La mujer se tranquiliza y olvida que su hijo se acaba de marchar de casa con cara de pocos amigos. Rodolfo la abraza y le dice que se meta en casa. Si todos los encargados del tráfico fuesen tan guapos como él seguro que pararíamos gustos en los controles, pero no nos desviemos. En otra casa, el hermano de la chica casadera, que tiene un pectoral que no cabe por la puerta, le dice a la chica que de casarse con Jesús Castro nada de nada, que es nazi y que él sabe bien de lo que es capaz. Ella hace oídos sordos y él aprovecha para levantarse de la silla, sin camiseta, para que podamos ver las horas de gimnasio. Esto, sin duda, es cosa de la fiebre.

Entenderán que con estos minutos ya tuve bastante. 'Mar de plástico' no es para mí. Yo, que me tragué todas las temporadas de 'Física o química' y llegué a ver algún capítulo de 'Ana y los siete', superado por la inexpresividad de un actor de moda. Pero, ¿cómo ha llegado Jesús Castro a todo esto? ¿Es por su mirada felina? ¿Por los granitos de la espalda que ni el maquillaje puede cubrir? Resulta increíble ver cómo el atractivo físico es mucho más importante para conseguir protagonistas que el talento. Jesús Castro no interpreta bien, no pronuncia bien y ni siquiera seduce bien. Eso sí, tiene unos ojos azules preciosos. También los tenía Paul Newman y los tienen Leonardo DiCaprio y Paris Hilton. Yo también los tengo. Y el gato de mi vecina y eso no quiere decir que sea buen actor. Ay, el sexappeal, qué decisiones tan extrañas nos hace tomar...

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