El espectador

"Debería de dar vergüenza a la familia de La Veneno por seguir refiriéndose a ella en masculino y negarle la identidad por la que tanto luchó"

Veneno

11 de noviembre de 2016, 11:36

Parecía imposible que el martes pudiese ir a peor después de despertar con la noticia de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. La discriminación, el machismo y la xenofobia aupándose a la cabeza de la primera potencia mundial. Nadie debería alegrarse por ello. Pero, una vez más, nos equivocábamos. El día no había hecho más que empezar y nos guardaba una bofetada todavía más dura. Todavía más terrible. Cristina, La Veneno, fallecía en el hospital tras varios días en coma. El mundo, en ese momento, fue un poco más triste. Las redes sociales lloraron la muerte de uno de los grandes iconos que ha dado nuestra televisión. Un huracán salido directamente de la calle que conectó con una sociedad ávida de frescura. Un soplo de genialidad que se autocatapultó al éxito para acabar también conociendo en infierno. Tenía tan solo 54 años.

La Veneno ha sido, para muchos de los que nos criamos en los noventa, una más de la familia. Nos quedábamos cada noche pegados al televisor esperando su salida junto a Pepe Navarro. Ella era la estrella absoluta y lo sabía. Todos lo sabíamos. Cristina se convirtió en la persona más famosa del país. La más deseada, la más envidiada, también la más cuestionada y la más odiada. Parecía que no le importaba, aunque, posiblemente, solo fuese pura fachada. Tras una infancia tan dura como la suya, uno aprende a disimular como nadie. Sabe que, en muchas ocasiones, casi le ha ido la vida en ello. Cristina brillaba delante de las cámaras. Las seducía. Transmitía una naturalidad que desconocíamos. La de alguien que había resurgido en numerosas ocasiones de sus cenizas. La de una superviviente.

Los últimos meses de vida de La Veneno le devolvieron ese brillo que hacía mucho que no tenía. La publicación de sus memorias, sacadas a delante por el tesón, el empeño y el trabajo de la periodista Valeria Vegas, le dieron un repunte de popularidad que puede que no esperara. La presentación del libro en Madrid fue un éxito de tales dimensiones que muchos de los presentes tuvieron que marcharse ante las eternas colas para poder acercarse a la estrella. A su estrella. Cristina volvía a ser La Veneno. El público se rindió, una vez más, ante la mujer que les conquistó en 'Esta noche cruzamos el Mississippi'. Se detuvo, de nuevo, para escucharla y ella no escatimó en '¡digo!' para hacerles felices. Un precioso y emotivo homenaje que ahora cobra, tristemente, todavía más importancia.

Su muerte nos pilló por sorpresa. Y también con cierto miedo, la verdad. Cuando desaparece un personaje tan popular y, a la vez, tan único, suele desatarse una tormenta mediática de lo más injusta. Lejos de preservar el mito, se apuesta por revolver en sus peores momentos, destrozando la imagen que a esa persona le hubiese gustado conservar. Pasó con Sara Montiel y también con Marujita Díaz. ¡Qué no podía ocurrir con La Veneno! Reconozco que respiré aliviado al escuchar las palabras de cariño que le dedicaron la mayoría de los colaboradores de 'Sálvame', así como la intención de rendirle homenaje en el 'Deluxe' -al que, precisamente, tenía previsto acudir-. Pero no todo iban a ser buenas noticias. Ni siquiera en estos momento reina la paz.

El comportamiento de la familia de La Veneno está siendo absolutamente vergonzoso. No solo por haber aparecido a las pocas horas de su fallecimiento cuando, según contó la propia Cristina, hacía años que no tenían relación, si no, sobre todo, por seguir refiriéndose a ella en masculino. No puede haber mayor desprecio, ni mayor desfachatez a estas alturas. Debería darles vergüenza negarle su identidad. La que tanto le costó conseguir. Ojalá detrás de sus declaraciones existiese la emoción, la entrega y la admiración que llevaron a la redacción de sus memorias. Ojalá. A todos los que quisimos a La Veneno, aunque fuese en la distancia, nada nos haría más ilusión. Se lo merecía. Se lo debemos.

Hace pocos días, este blog cumplió un año de vida. Cincuenta y cuatro entradas que han resistido contra viento y marea, sorteando vacaciones y festivos. Nunca imaginé que lo tendría que celebrar de esta forma. Hasta siempre, Cristina. Te vamos a echar mucho de menos.

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