El espectador

"Carlos Lozano es consciente de la presencia de cámaras y de la necesidad de 'montar pollos' a diestro y siniestro para generar vídeos"

El hombre confuso
Carlos Lozano

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Gran Hermano Vip

15 de enero de 2016, 12:03

¿Saben lo que es quemarse a lo bonzo? Pues eso es lo que está haciendo Carlos Lozano en la casa de 'GH VIP 4'. De acuerdo, no literalmente -aunque como esto dure mucho, le vemos capaz de prenderle fuego a algo-, pero no se me ocurre una forma mejor de escenificar el despropósito en el que se ha convertido su paso por la casa de Guadalix. Él, el hombre de los hoyuelos, el propietario de la sonrisa de anuncio, el mítico presentador de TVE, corretea por el concurso cual vaca sin cencerro, ganándose enemigos en cada esquina y generando polémicas con tan solo mover un dedo. Una estrategia maravillosa para dejarse ver en una casa repleta de gente, pero tal vez muy equivocada para su propósito final: volver a ser la estrella de televisión que fue antaño.

Como espectador, debo reconocerlo, estoy encantado con Carlos Lozano. En cosa de una semana se ha arrimado a Rosa Benito y la ha repudiado, se ha cambiado de cama, se ha enamoriscado y enfadado con Liz, ha creído ver en Julius un compañero y se ha dado con la puerta en las narices, ha sacado de sus casillas al pequeño Fran y ha conseguido que la casa entera se ponga en su contra. ¡Si hasta le han acusado de hacer desaparecer ginebra de la nevera! Tan solo le falta, en un giro inesperado de guión, meterse en la cama de Carmen López y protagonizar el primer edredoning entre villanos oficiales con la escoba de la concejala como testigo. Y créanme, a estas alturas, todo puede pasar.

Pero, ¿es todo esto una mera pose para ganar visibilidad en el concurso o Carlos Lozano de verdad es así? Sí, ya tenemos aquí la pregunta de siempre. Cuando uno lleva tres meses, como le pasó a Belén Esteban en la anterior edición, es humanamente imposible que no se confíe y deje salir a su yo interior, el que fríe croquetas y no se quita el pijama de encima, pero en una semana, la cosa se pone más complicada. Claro que Lozano está exagerando sus puntos débiles -él cree que son fuerte- día tras día. Claro que es consciente de la presencia de cámaras y de la necesidad de 'montar pollos' a diestro y siniestro para generar vídeos. Claro que sabe que todo esto se está viendo fuera de la casa. El problema es que el presentador ha equivocado totalmente los papeles.

Cree Carlos Lozano -bueno, lo creo yo, pero seguro que él un poco también- que convirtiéndose en el azote de la casa y, a la vez, en víctima del rechazo de sus compañeros, podrá emular el paso de la Esteban y alzarse con el concurso. Lo que no ha calculado bien es que su comportamiento se acerca mucho más al de Olvido Hormigos, aislado y enfrentado con todos. La suerte ha querido que los habitantes de la casa estén más hartos de Carmen López y vean más peligrosa a Laura Matamoros, y así haya conseguido librarse de la nominación. Una suerte, ya que otra cosa no, pero España no perdona a los que copan los vídeos la primera semana. Miren dónde acabó Maite en el último 'GH'. Y eso que sus polémicas fueron mucho más gloriosas que las del presentador.

La nostalgia ha hecho que guardemos una imagen de Carlos Lozano casi idílica, cuando la realidad es muy distinta. Su presencia en las primeras ediciones de 'Operación triunfo' es mérito suficiente para colocarle en la historia reciente de la televisión española, sí, pero tampoco pensemos lo que no es. Si volviésemos a asistir a aquellas emocionantes galas donde Chenoa y Bisbal se cantaban su amor nos encontraríamos un presentador trasnochado, lanzando piropos condescendientes a las participantes femeninas del concurso. Y lo peor es que el paso del tiempo -y la poca fortuna profesional- no le han beneficiado. Carlos Lozano pasea con orgullo su fama de mujeriego y conquistador sin darse cuenta de que ese estereotipo está ya muy pasado. Ahora ya no vale un 'cruza la pasarela, bonita'. Ahora los ritmos han cambiado.

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