Crónicas de una realidad pasmosa

Lo que le queda por ver al ojo que se ha tatuado Kiko

Kiko Rivera
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Kiko Rivera tatuaje. El ojo que todo lo ve

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Kiko Rivera tatuaje. Indígena

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Kiko Rivera tatuaje. La fecha de nacimiento de su hija Ana

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Tatuajes

20 de diciembre de 2016, 10:29

Sé que llego tarde. Sé que hace ya unos días que Kiko Rivera mostró su último tatuaje en redes sociales. Pero es ahora cuando estoy asimilando el desafío artístico. Ahora que se acercan las entrañables fechas navideñas, es cuando más me preocupa el sentido estético de la tinta repartida por la epidermis del dj…

Imagino las reuniones y las comilonas en Cantora y no puedo evitar espantarme de la cantidad de centímetros de carne del primogénito de Isabel Pantoja cubiertos por impúdicos tatuajes -digámoslo alto y claro- feos como moluscos, feos como no ceder el asiento a quien lo necesita, feos como el alma sucia de satán.

El afamado disc-jockey, ya se tatuó hace casi tres años una frase de esas chungas que promueven el amor propio a costa de desprestigiar a los demás. Además lo hizo obviando las tildes que el castellano ha tenido a bien disponer para solaz de los parlantes de tan bella lengua romance. (“Cuando quieras emprender algo habra mucha gente que te dira que no lo hagas. Cuando vean que no te pueden detener te diran como lo tienes que hacer. Y cuando finalmente vean que lo has logrado... diran que siempre creyeron en ti)

Hace bien poco se tatuó una especie de indígena con un gorrito frigio mandando callar en su sobredimensionados brazo, y raudo y feliz lo lució en las redes sociales con desigual fortuna.

Al nacer su hija Ana, incluyó la fecha de nacimiento con números romanos, que por lo que se ve, deben resultar fáciles de leer al dj, al que sorprendentemente no se le conocen estudios más allá de la educación obligatoria en el estado español. (Tal vez es un velado homenaje a Asterix que no alcanzamos a entender).

Sin embargo, el mayor atentado estético perpetrado en la piel de Kiko, es sin duda el que se hizo a primeros de mes en su propia mano: el ojo (de la cara) de su hija Ana. El ojo que todo lo ve, el ojo de una bebé inocente que quedará para siempre en esas manazas faltas de armonía y elegancia.

Lo que más fatiguita me causa es la sospecha de lo que hace Rivera con sus manos. Estoy convencida de que va a hacer 'el mal' con ellas. ¿Y va a estar ahí perenne la mirada de su hija inocente? No puedo evitar ver algo perverso en todo esto.

Por eso imagino estas fiestas en torno a la mesa de los Pantoja, poniéndose todos tibios a turrón blando, y cuando Kiko alce su copa de cava, esa mirada infantil le advertirá a él y a todos del mal rollo que produce tener siempre el ojo vigilante de una menor inocente.

Llámenme rara, pero me produce un temor sórdido y cierto dolor esperpéntico e incomprendido ver ese ojo ahí en su mano.

…Y eso que brindar es lo menos malo que se me ocurre que hará estas fiestas Kiko con sus manos.

¡Lo que le queda por ver a ese ojo, madre mía!

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