Crónicas de una realidad pasmosa

Kim Kardashian o el noble arte de no hacer nada

Diana Aller
kim kardashian blog diana

8 de febrero de 2016, 17:22

¿Por qué al encontrarnos con alguien en seguida decimos “Estoy hasta arriba de trabajo, no me da la vida para nada. Tengo demasiadas cosas, ¡qué agotamiento! No paro…” y nos parece lo normal? Y además nos parece lo habitual que nuestro interlocutor nos diga lo mismo.

Parece que tengamos que vivir con la lengua fuera, y que el triunfo (sobre todo para las mujeres, como siempre) es no tener tiempo para relajarse. Si nos encontramos a una amiga y nos comenta “Estoy fenomenal, no hago absolutamente nada. Me paso el día vagueando y ando muy relajadita y sin preocupaciones” ¿A que la miraríamos con cierto recelo? No está bien visto disfrutar de la vida, vivir con calma o descansar.

Kim Kardashian ha inventado la profesión de celebrity. No actúa en películas, no es una solista de éxito, no tiene un trabajo conocido (aunque hace cosas, sí). Quizá no es saludable vivir por y para la propia imagen, pero a ella le debemos la entronización de la mujer-florero con todas sus connotaciones positivas y negativas.

Por supuesto que lo deseable es que la gente tenga inquietudes intelectuales del tipo que sean, pero en el caso de Kardashian no sabemos siquiera si existen. Podría ser una apasionada de la astrofísica o de la literatura francesa del IXX y no mostrarlo. No lo sabemos. Porque Kim factura cientos de dólares por -en apariencia- no hacer nada. Es venerada y odiada a partes iguales por ello. De hecho, vive de ello.  Y la verdad, no me da ninguna envidia, aunque admiro su talento (aunque no sabría decir en donde reside).

Hace apenas unos días nos hemos enterado que su hija North West, con solo dos añitos, ya ejerce de musa de Balmain. El director creativo de la firma anunció el lanzamiento de su línea "kids" inspirada en la pequeña North West.

Hace escasas horas, la noticia era que su hermana Kylie Jenner había llegado a los 50 millones de seguidores en Instagram. (Kim  casi llega a los 60) gracias a sus sugerentes instantáneas.

Y lo último, la actualidad más rabiosa, la noticia de última hora sobre la estrella nos dice que ¡Kim Kardashian ha ido al dermatólogo! Si, queridos todos. Cogió su abrigo de piel y trató de esconderse de los paparazzis, pero le pillaron sin maquillaje, lo que también es noticia, claro.

Sin maquillaje, por cierto, es una celebrity avejentada más, con el gesto raro e impersonal de todas. Pero Kim es Kim. Su valor (incalculable) es que ella no hace nada por ser famosa. Y por eso lo es.

El caso Kardashian es tan, tan, tan exagerado que se da la vuelta. Y de parecernos un mal ejemplo, pasa a hacernos reflexionar sobre el juicio constante que ejercemos contra las mujeres y su conducta. El emporio que ha montado en torno a su figura, arrastra a su familia y genera unos dividendos que ni la mente más privilegiada podría haber pergeñado.

Estoy convencida de que en realidad, la vida de Kim es tan sacrificada o más que la de cualquiera. Y a estas alturas nos podrán gustar o no las formas, pero sus objetivos sobrepasan los más mundanos y habituales. Ella ha conseguido hacer una profesión (y una fortuna, y mucha fama) de no hacer absolutamente nada. Toda una genialidad.

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