Crónicas de una realidad pasmosa

Hay quien tuvo y retuvo, y quien tuvo… y nada

Terelu Campos Meg Ryan Kiko Rivera John Travolta Carmen Cervera Britney Spears Lindsay Lohan Lara Dibildos
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Lindsay Lohan

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Terelu Campos

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John Travolta

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Camilo Sesto

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Kirstie Alley,  en la actualidad. Kirstie Alley

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Meg Ryan

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Micky Rourke

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Así han cambiado

29 de noviembre de 2016, 12:05

Concha Velasco, nuestra particular Angelica Huston y reciente Premio Nacional de Teatro 2016 es el claro ejemplo de que se pueden sumar años y belleza. Sobre todo, es la muestra perfecta de que no hace falta ser rubia, ni joven, ni escuálida para resultar (muy) atractiva. Desde luego que ya era mona de joven. Pero a Concha, la edad le ha dado una belleza serena y expresiva, y una dignidad estética fuera de lo común. ¿Tendrá que ver que su interior es igualmente armónico y bello?

No sé qué pensar, porque entonces los famosos que se han “estropiciado” con el tiempo por dentro serían horribles, y me niego a pensar así. Veamos algunos casos:

  • Lindsay Lohan: Era una niña pizpireta con una piel blanca rebosante de pecas y un aspecto natural y aniñado alucinante. La mala vida (o buena, según se mire), los excesos y yo creo que el desorden vital, han ajado su expresión. Por muy maravillosa que resulte ella con sus locuras y libertinajes, la expresión se le ha vulgarizado exageradamente.
  • Terelu Campos: A partir de cierta edad para mantenerse (simplemente mantenerse) hay que tener ciertos cuidados extras. Y eso requiere esfuerzo, algo que Terelu desconoce lo que es. Etimológicamente seguro que comprende en qué consiste el esfuerzo, pero desconoce su práctica, y eso, le lleva a percibirse como “gorda, vieja y fea”.
  • John Travolta: Nada queda del muchacho bailongo de “Fiebre de Sábado Noche” o “Grease”. Bueno sí, la mirada reptiliana sigue siendo la misma.
  • Daryl Hannah: Un buen día reapareció con la cara de otra.
  • Camilo Sesto: Habría que asegurase qué come y qué bebe, porque su cambio físico según él no se debe a retoques estéticos. Quiero saber su dieta (para no hacerla).
  • Liza Minelli: A ver… Ella siempre fue rara de ver. Pero parece que sus ojos se están separando sin reconciliación de la mirada posible. Su cara parece cada vez más una rotonda.
  • Kirstey Alley: Siempre la ponen como ejemplo de obesidad de una persona que no lo era. A mí no me parece tan grave. De hecho, debería haber más papeles cinematográficos para gordos, ya que cada vez son más en nuestra sociedad, y se les sigue ignorando, como si fueran de una categoría inferior. Stop gordofobia, por favor…
  • Kiko Rivera: Nunca hubo muy buena materia prima, pero cada vez se aleja más del concepto clásico de apolínea belleza.
  • Val Kilmer: Es la evidencia de que la cirugía estética no está muy evolucionada en los varones. Una pena, porque su cara es un cuadro (flamenco).
  • Baronesa Thyssen: Tanto se ha estirado la cara Carmen Cervera que tiene apariencia cerúlea siempre. Esos brillos, le hacen ser firme candidata al Museo de Cera, antes que al Thyssen, el suyo propio.
  • Lara Dibildos: En lugar de parecer más joven y guapa, resulta artificial y mayor. Se parece a la fallecida Duquesa de Alba, a Ana Obregón, y a su madre, Laura Valenzuela, pero no por filiación genética, si no de bisturí.
  • Meg Ryan: Ella no tiene culpa de nada, pero el que la engañó al ponerle la cara de el Joker, merece pena de cárcel. En Turquía. En el módulo de presos peligrosos. Sin cenar. Sin abogado.
  • Mickey Rourke: Nunca sabremos cómo envejecería este señor que era elegante y atractivo, con un toque macarra. Ahora parece un mapa físico de Australia vestido como un mamarracho. ¿Porqué se hace esto? ¿Se odia a sí mismo?
  • Britney Spears: Lo suyo no es un drama, es el simple pasar de los años, con sus preocupaciones, cambios de peso y demás. Le ha ocurrido lo mismo que nos está ocurriendo a todos (y qué bien que nos pase): Que se hace mayor. No es un drama, y no debe serlo.

La conclusión, queridos todos, es que el tiempo pasa para todos, que hay componentes genéticos o biológicos que nos afectan a todos, y que la cirugía no siempre ayuda. Pero sobre todo, que nuestros cuerpos no son más que la cáscara de un montón de posibilidades y afectos. De sentimientos y pulsiones… Y esas cosas hay que cuidarlas tanto o más que la fachada exterior. Porque eso sí es importante ¿No creen?

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