Crónicas de una realidad pasmosa

Hay celebrities que escriben sorprendentemente bien y las hay a las que les escriben muy bien los libros

Arantxa Sánchez Vicario Jorge Javier Vázquez Raquel Sánchez Silva
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DL u279581 049. Andrés Calamaro

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DL u279581 050. Maxim Huerta

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DL u305766 012. Mario Vaquerizo

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DL u305766 038. Sandra Barneda

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DL u279581 054. Mariló Montero

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DL u305766 070. Risto Mejide

27 de abril de 2016, 16:00

El 23 de abril se ha celebrado el día del libro; San Jordi, esa festividad en la que lo típico es regalar un libro, aunque dicen que lo no tan típico es leerlo. Estoy harta de escuchar que en España se lee poco. La gente se queja de que no leemos.

El otro día algo me hizo reflexionar sobre esto: A mi hijo le recomendaron en el colegio que dedicara todos los días un rato a la lectura, y por la noche le pregunté ¿Hoy has leído? Y me contestó “Sí, whatsapps”. El niño no mentía, en efecto había leído. Técnicamente eso es leer también. Por supuesto le animé a leer algo que requiriera mayor concentración y profundidad. Pero me di cuenta de lo críticos y exigentes que nos volvemos con esto de la lectura.

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Cuando viajo en metro veo a la gente leer. De todo. Por supuesto whatsapps, pero también artículos en el móvil, libros de aventuras, históricos, ensayos, revistas, ebooks… ¿Porqué nos volvemos tan exquisitos al juzgar a los demás? ¿Por qué decimos tan alegremente que en España no se lee, o que lo que se lee no tiene calidad? Hay un empeño en leer. Leer porque sí. Leer mucho. Nos han grabado a fuego eso de que leer es cultura y sabiduría antes que ocio y placer.

Existe cierto complejo absurdo con la creencia de que un libro siempre es bueno, sea el que sea y por ejemplo, un video juego, malo.

En la florida literatura española tenemos el más claro ejemplo de la perniciosa influencia de los libros, en nuestro personaje más célebre: Don Quijote de la Mancha.

Creo que hay libros buenos y libros malos, y pese a la creencia más asentada, los buenos no son siempre los más difíciles. De hecho entre los libros peor considerados suelen estar los de los famosos. Hay mucho prejuicio en este sentido.

Sin embargo hay celebrities que escriben sorprendentemente bien y las hay a las que les escriben muy bien los libros que firman. (Yo misma he escrito o he ayudado a escribir libros de otros y en absoluto me avergüenzo de ello).

Disfrutar leyendo es un placer elitista en sí mismo, no hacen falta juicios de valor sobre la lectura en sí. Yo los libros que más he disfrutado han sido las biografías de Mia Farrow (Se llama “Memorias. Hojas vivas”) y de Marianne Faithfull, la inspiradora amante de los Rolling Stones.

Muchos famosos tienen libros en el mercado (Casi todos, de hecho). De ahora o de hace un tiempo. Novelas, autobiografías o ensayos… Hay mucho y bastante aceptable para elegir: Jorge Javier Vázquez “Último verano de juventud”; Mariló Montero “El corazón no tiene reglas”; Arantxa Sánchez Vicario “¡Vamos!”; Raquel Sánchez Silva “Tengo los óvulos contados”; Risto Mejide “X”; Sandra Barreda “Reír al Viento”…

Por supuesto que el ser famoso es un reclamo para vender un libro; pero también es verdad que gracias a su popularidad llegamos a narraciones que de otra forma no alcanzaríamos. Y el goce de leer, es una de las pocas cosas que nos hace felices en soledad.

Leer es un acto de libertad, un momento de encuentro intelectual y onanista, una oportunidad nueva y maravillosa de empezar la vida a cada momento. Pero no debería ser una obligación o una actividad sometida a juicio.

Deberíamos aprovechar el próximo día de la madre y la cercana feria del Libro de Madrid no solo para regalar libros, sino también para leerlos, comentarlos, compartirlos. Sin prejuicios y con ganas, para disfrutar y dejar volar nuestros pensamientos.

De hecho, mi insano instinto cotilla me hace preguntarme no sólo qué escriben los famosos, sino qué leen. Sería fantástico saber qué libro marcó a Chenoa, cuál tiene Rafa Nadal en la mesilla de noche, cuál se está leyendo ahora mismo Carmen Lomana o cuál es el preferido de Isabel Preysler (me apuesto unos Ferrero Rocher a que no es uno de Vargas Llosa). Sin juzgar sus gustos… Porque lean lo que lean, será su elección, será perfecto… Igual que ustedes, igual que yo.

Les recuerdo además el bello nombre de esta publicación que están mirando ustedes ahora: Lecturas. Hermoso ¿verdad?

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