Corte y confección

Yo, Rosa Benito

Mariángel Alcàzar
Rosa Benito

12 de diciembre de 2015, 11:54

Si contáramos las veces que Rosa Benito Martínez pronunció la palabra yo en su reaparición televisiva dentro del programa 'Sálvame' obtendríamos la fórmula del ego mas superlativo entre todos los personajes que pueblan las pantallas patrias. Rosa Benito, todo hay que decirlo, es una mujer muy lista, pero esa es una cualidad que puede transformarse en defecto si no va unida, también, a un poquito de inteligencia y a unas gotas, aunque sean muy pocas, de humildad.

Rosa nació de la fama de Rocío Jurado, su cuñada y jefa durante muchos años, pero, tras la muerte de la artista, creyó ser su heredera. Diga lo que diga, ella fue la que aprovechó sus contactos con la prensa durante la enfermedad de la cantante para irse introduciendo en la televisión. Con gran habilidad para la comunicación utilizó, sí utilizó, la tragedia familiar para hacerse necesaria en algunos programas de televisión pero hay que reconocer también que lo hizo por instinto de supervivencia, porque una vez extinguida la empresa familia que encabezaba Rocío Jurado, sus deudos, que también eran sus empleados, tuvieron que buscarse la vida.

Pero Rosa no se ganó el apodo de 'venenito' porque sí, pues con una imprudencia manifiesta explicaba, fuera de pantalla, historias vividas por ella en aquella familia que, aunque no llegaban al gran público, sí lo hicieron a los oídos de familiares como su sobrina Rocío Carrasco o su cuñado José Ortega Cano. Resultado, ruptura familiar por un lado y, por otro, un lugar de colaboradora televisiva especialista en enredos.

Poco a poco fue creciéndose, mientras su marido, Amador Mohedano, iba desdibujándose al quedar demostrado que su trabajo como representante y manager había muerto con su hermana. Perdido él, era Rosa quien se esforzaba por llevar el dinero a casa y lo hacía tratando un material sensible para el que no tenía carnet de manipuladora, demasiado lianta para no acabar enredada en sus propias tramas. Hasta que, contra todo pronóstico, se convirtió en una heroína tras su paso por la isla de 'Supervivientes' y su famosa frase reivindicativa "este es mi momento" delante de un marido celoso de su éxito. Rosa conservó el tipo que había logrado tras pasar hambre en la isla, se hizo un estilismo, llenó portadas y tuvo, como ella quería, su momento.

Luego vino una malísima gestión de su divorcio y su rutilante personaje de maruja guapetona un poquito pescatera, empezó a declinar. No aguantó los embates de sus compañeros de 'Sálvame' que la atacaron en su punto débil, su hija Chayo, otra que no acaba de encontrar su lugar en el mundo. Al final, Rosa salió de la tele y  se puso a trabajar con su hija en conciertos para jubilados donde ambas salían a escena absolutamente convencidas de portar en su interior el espíritu de Rocío Jurado. Un espectáculo, en ocasiones patético, que se sustentaba en la fama televisiva de Rosa que, lógicamente, fue agotándose como la tea de una vela.

Ahora, la Benito vuelve a la tele y lo hace convencida de que la tele la necesita a ella y no al contrario.

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