Agobiado por su desastrosa situación económica, se ha instalado en Cantora con su novia, Irene Rosales

Un endeudado Kiko Rivera vuelve a casa de mamá Pantoja

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Kiko Rivera
Gtres

26 de febrero de 2015, 15:33

Cantora es una finca enorme y hay sitio para todos. Eso debe haber pensado Kiko Rivera que, agobiado por las deudas y tras malvender su piso de San Sebastián de los Reyes (Madrid), se ha instalado en la finca que heredó, a medias con su madre, de su padre, el torero Paquirri. No es un traslado definitivo, sino temporal, a la espera de mejores tiempos. El hijo de Isabel Pantoja lo comunicó a través de su cuenta de twitter: "A gustito en Cantora con la familia... unos mecesitos aquí me vendrán requetebién!!!", escribió.

 

Además, de este modo cumple también uno de los deseos de Isabel Pantoja: que no dejen sola a la abuela, doña Ana, mientras ella permanezca encerrada en la cárcel de Alcalá de Guadaíra. Si se le concede el tercer grado, Isabel podría tener los primeros permisos a partir del 3 de mayo. Con su traslado a Cantora, Kiko mata dos pájaros de un tiro. Está con su abuela y se ahorra el alquiler. De hecho, no se ha mudado él solo, sino que lo ha hecho en compañía de su novia, la sevillana Irene Rosales, con la que pronto cumplirá un año de relación.

 

Kiko tiene una importante deuda con Hacienda, que le reclama el IRPF de varios años, con sus correspondientes intereses. Por otra parte, parece que ya ha podido satisfacer el dinero que debía de la hipoteca de su dúplex, pues al venderlo, ha hecho frente a lo que le reclamaba el banco. También se sabe que trata de renegociar con Jessica Bueno la cantidad mensual que le pasa para la manutención de Francisquito, de dos años y medio.

 

Y es que a Kiko le ha tocado apretarse el cinturón, como a muchos españoles. Tuvo una época de vacas gordas en la que ingresó mucho dinero y ahora, en tiempos de crisis, no gana las mismas cantidades y le han crecido los gastos, sobre todo desde que es padre.

 

Cantora era la finca más valiosa que tenía Paquirri. Situada entre Medina Sidonia y Vejer, en Cádiz, tiene una extensión de 500 hectáreas, sobre la que se edificó una casa de unos 2.000 metros cuadrados. Además de las estancias familiares, tiene bodega, piscina, cuadras, pocos y una huerta.