Recibió un apoyo incondicional

Torito revela el momento más difícil de su vida

Al reportero de 'QTTF' le costó años contarle a sus padres la realidad sobre su orientación sexual

Torito, hecho un mar de lágrimas
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16 de febrero de 2017, 19:40

El reportero Quique 'Torito' no puede encontrarse en un momento más dulce. Se ha convertido en padre primerizo de Nathan, gracias a la maternidad subrogada, convive desde hace diez años con el hombre de su vida, y tiene unos padres y una hermana que le adoran. Sin embargo, esto no fue siempre así.

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Al reportero de 'QTTF' le costó muchísimo confesarle a sus padres que era gay. Torito tuvo claro desde muy joven su orientación sexual. Llevaba saliendo con hombres desde los 18 años, pero era una realidad que le estuvo ocultando a su familia durante años. Él ya era una cara habitual en televisión y nunca hizo la menor referencia a este tema en casa. De hecho, empezó a usar el trabajo como excusa para evitar desplazarse hasta su tierra natal, Menorca, para tener la trascendental charla con sus progenitores. Se hizo tan fuerte la necesidad de postergarla, que incluso dejó de cogerles el teléfono para evitar el "encontronazo". "Después de todo lo que había batallado a mi favor no se merecían que les siguiera ocultando algo tan sólido para mí. Sentía que les estaba defraudando", escribe con tristeza en su autobiografía 'Ácido'.

Torito y sus padres

Finalmente, se armó de valor, y aprovechó una visita a Barcelona que sus padres le hicieron hace unos 14 años, para contárselo. Primero cogió a su madre y se la llevó a su habitación, para calibrar la reacción de su padre en ella. Roto por remordimientos de tanta demora y con miedo le decía a su madre entre lágrimas: "Mamá hace demasiado tiempo que tengo que contarte algo, siento no haber tenido el arrojo para habértelo dicho antes". Su madre, asustada, creía que el reportero tenía un problema con las drogas y sin pensárselo le prometió que le ayudarían a superarlo, pero cuando le confesó su homosexualidad, su madre con ternura le contestó: "Pero hijo, no tienes que sollozar por eso, no es una enfermedad. No te permito que derrames ni una lágrima por ser gay". Y la misma reacción tuvo de su padre y de su hermana, quitándose un gran peso de encima y saldando la cuenta que tenía con su familia, que tanto le había apoyado siempre y que, está claro, que lo seguirá haciendo en el futuro, pase lo que pase.

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