Myriam de la Sierra nos recibe en casa

"Nunca odié a Rafi Escobedo"

¿Y tú qué opinas?

27 de marzo de 2013, 09:40

El 1 de agosto de 1980, María Lourdes de Urquijo y Manuel de la Sierra fueron asesinados a balazos mientras dormían en su domicilio de Somosaguas. El asesinato de los marqueses de Urquijo ocupó una de las páginas más negras de la década de los ochenta, pero sobre todo marcó la vida de sus hijos, Myriam y Juan, que han batallado años para defender su inocencia cuando en los tribunales nunca hubo un cargo en su contra.

El único condenado fue Rafael Escobedo, exmarido de Myriam, que se suicidó en prisión en 1988. Hoy ella, que acaba de publicar el libro ‘¿Por qué me pasó a mí?’ sobre lo que ocurrió, nos recibe en su casa para contarnos que ha llegado el momento de decir su última palabra.

 Tu libro ‘¿Por qué me pasó a mí?’, ¿por qué ahora?
  -Durante mucho tiempo me pidieron mi versión, pero no quería contar una tragedia. 33 años después, cuando he conseguido la felicidad, me siento autorrealizada, tengo marido, hijos y una empresa que me va muy bien. Había llegado el momento de echar la vista atrás y contarle a la gente cómo he podido salir adelante. Decir al mundo que, ante la adversidad, se puede salir.
¿Siempre has tenido esa actitud? Una de las cosas que se te achacaban era tu frialdad, cómo reprimías tus emociones...
 -Cuando ocurrió, estuve más de tres meses llorando. No quería salir, ni comer, pero un día pensé: “No puedo seguir así. Me voy a morir de pena y me siento como una víctima”. No quise ir ni al psiquiatra ni al psicólogo. Quería controlar lo que me ocurría, llevar el control de mi vida. Me dije: “Depende de ti si quieres ser feliz o no. Si quieres mirar por el retrovisor de tu vida o mirar hacia adelante”.
 ¿Y ese fue realmente tu antes y tu después?
 -Tuve muchos antes y muchos después. Parecía que nunca iba a llegar el final. Mis separaciones, cuando me arruiné...  Pero yo, cuando me caigo, me recupero con más fuerza. Y siempre he tenido un motivo para levantarme. Primero, fueron las abuelas y mi hermano. Luego fueron mis hijos. Después, mi empresa.
 ¿Y cómo se levanta una del mazazo que tus padres sean asesinados y además por quien había sido tu marido?
 -Muchas veces pienso que fue una película de terror y que yo era la protagonista sin quererlo. Me despertaba por las mañanas y me preguntaba “¿por qué a mí?” una y otra vez. Suponía que había alguien ahí arriba que pensaba que tenía suficientes fuerzas para pasar todas esas pruebas.
 ¿Qué es lo que más te ha costado escribir?
 -Muchos capítulos, pero sobre todo, la confesión de Rafi, cómo lo hizo. Eso aún no puedo verbalizarlo sin atragantarme.
 ¿Escribir ha sido como subirte en una noria de sentimientos?
 -He llorado mucho, pero el sentimiento que me ha quedado al final es de paz.
 ¿Has sentido odio?
 -El odio te hace más daño a ti que a la persona que pudieras odiar.
 ¿Ni siquiera a Rafi?
 -Nunca odié a Rafi. Al principio no sabía que había sido él, y nunca pensé que pudiera haber sido él. Después, creí que solo una persona que no está equilibrada podía hacer algo así.
 ¿Te has sentido culpable alguna vez por haber sido tú quien lo introdujo en la familia?
 -Por supuesto que me sentí mal, pero no culpable. No soy responsable de los actos de los demás, pero sí que muchas veces he pensado “¿y si no lo hubiera conocido?, ¿y si no me hubiera enamorado de él?”.
 ¿Estabas enamorada de Rafi cuando se produjo el asesinato?
 -¡No! Yo estuve con Rafi, en total, un año y medio. Y casados, seis meses. Cuando todo ocurrió ya habíamos roto.
 La opinión de que tú y tu hermano erais instigadores de aquel asesinato caló entre los ciudadanos...
 -Siempre he dicho que si una persona cree que yo he sido capaz de matar a mis padres es porque esa persona piensa que ella sí podría hacerlo. Pero a mí eso no me cabe en la cabeza. Ni mi hermano ni yo fuimos nunca acusados de nada. Sufrimos un juicio paralelo. Te diría más, un linchamiento por intereses económicos.
 ¿Y por qué crees que fuisteis puestos en entredicho?
 -Eso lo removieron los abogados de Rafi. Querían distraer la atención.
 ¿Te llegaron a insultar?
 -Llegué a sentirme una proscrita...
 ¿Cómo es la relación hoy con tu hermano?
 -Muy especial, le he dedicado el libro. Todo lo que nos pasó nos hizo aferrarnos el uno al otro.