En el punto de Mila

La muerte de Gabriel nos ha vestido de luto a millones de personas

Mila Ximénez
Patricia y Ángel, padres de Gabriel Cruz

14 de marzo de 2018, 07:00 | Actualizado a

La muerte de Gabriel nos ha vestido de luto. Me cuesta creer en la maldad de quien es capaz de borrar la sonrisa de un niño para siempre, segando una vida llena de sueños y vuelos. He seguido las noticias del rastreo de esta criatura con la angustia de sus padres clavada en mí. Cada noche pensaba dónde podría estar soportando la lluvia del miedo y la soledad.

Hoy ya no me llegarán esas imágenes, y la respuesta es aún más cruel. Alguien interrumpió el paseo de un niño y le arrebató una tarde de juegos y toda una vida sin ellos. Sus padres le llamaban Pescaíto y un asesino/a le arranca de sus chapoteos en el mar para paralizarlo en un pozo. Hoy siento pena, rabia y asco por lo que estoy viendo. Han detenido a la novia de su padre con el cadáver de Gabriel en el coche y algunos, antes de gemir por el dolor de su familia, parece que quieren borrar el barro que embadurnaba un cuerpo tan frágil con tintes de xenofobia.

Me importa muy poco el color y el sexo de los asesinos. No tienen raza ni identificación genética. No son más que animales que hay que encerrar para que no sigan alimentándose de la sangre y el dolor ajeno. La muerte de Gabriel tendría que silenciar cualquier gesto que no fuera el de pedir justicia. Ahora, solo puedo pensar que un niño de ocho años está planeando solo a algún lugar que jamás disfrutará con sus padres. Además, la muerte violenta de un niño ejecuta a toda su familia de por vida. Mientras escribo esto, no puedo dejar de visualizar su miedo antes de que una mano asesina lo ajusticie. A los niños hay que acunarlos y alejarles del peligro, abrazándoles en sus momentos de pánico. Solo puedo citar el título de la novela de Harper Lee. ‘¿Quién puede matar un ruiseñor?’

Noticias relacionadas

Te puede interesar...

Más Sobre...

Loading...

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de Lecturas?