En una misa por su alma en Madrid

Los amigos lloran a Manolo Escobar

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19 de noviembre de 2013, 09:58

Numerosos rostros conocidos acompañaron a Anita Marx, viuda de Manolo Escobar, y a su hija Vanessa en la misa funeral que se celebró ayer en la iglesia de Santa Barbara por el descanso de su alma y con la que Madrid rendía homenaje al cantante del 'Porompompero', un hombre que, como lo calificó su amigo Raúl Sender, “más que un artista, o una estrella del pueblo, fue un fenómeno sociológico irrepetible”.

Visiblemente emocionada, Anita hizo su entrada en la iglesia apoyada en su sobrino Gabriel, representante del artista almeriense en los últimos años, y sólo tuvo fuerzas para dar las gracias a los asistentes, fotógrafos y prensa que la esperaban a las puertas del templo. Minutos después, sería Vanessa la que pasaría, casi a la carrera, al interior de la parroquia para alcanzar los pasos de su madre.

 "Era un mito"

Sentados en las primeras filas de la iglesia, les esperaban amigos y familiares, como Ana García Lozano, sobrina también de Manolo Escobar, junto a su marido, ambos con los ojos vidriosos por el recuerdo del cantante, Carlos Vargas, el joven coplero con el que el autor de himnos como Que viva España compartió cartel en sus últimos conciertos, o Concha Velasco con la que tantas veces fue fotografiado en sus éxitos cinematográficos, quien, aquejada de una afonía, no quiso ni ser fotografiada en las escaleras del templo casi escabuyéndose con un plumífero negro. “Se nos van los grandes. Yo crecí peinándolos, ahora no queda ninguno”, decía el famoso peluquero Ruppert minutos antes de que Marián Conde casi se derrumbara detrás de unas gafas oscuras, cuando la noche ya era cerrada, al darle el pésame por su amigo. “Ay”, acertó a decir la tonadillera, también vestida de negro como Conchita Bautista o Natalia Figueroa, siempre discretísima. “Era un mito. Un gran compañero incluso con los más jóvenes, con los que le conocimos cuando estábamos empezando. Siempre tenía un buen consejo”, reconocía Pastora Soler. “Daba tanto, que lo menos que podía hacer era no faltar hoy”.