Los Milá y los Casiraghi, muy cerca

La tía barcelonesa de Tatiana Santo Domingo

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Cecilia Santo Domingo

5 de abril de 2013, 15:16

Los Santo Domingo han tenido una íntima relación con Barcelona y en especial con la familia Milá: Mercedes Milá y sus hermanos comparten tía con Tatiana, la tía Cecilia.

Cecilia Santo Domingo, hermana del abuelo de Tatiana, se casó con el arquitecto Alfonso Milá, tío de Mercedes. Vivieron en Barcelona hasta la muerte, prematura, súbita y trágica en plena juventud, a los 36 años de la bella Cecilia. Esta es su historia.

Tatiana, que nació en 1983, no llegó a conocer a su tía abuela Cecilia, que murió en Barcelona en 1972, pero los hermanos Milá sí, y muy de cerca, porque Cecilia fue una tía joven, 12 años más joven que su marido Alfonso. De manera que cuando la pareja se casó –la boda se celebró en París el 8 de marzo de 1961– Alfonso tenía 37 años, Cecilia 25 y Mercedes, 10. La mayor de los Milá conoció a su tía durante los once años siguientes: toda su adolescencia y juventud.  

Era fácil, además, que congeniaran porque Cecilia era una inquieta estudiante de literatura, una chica vivaz, deportista –había jugado con éxito al tenis– culta, viajada, muy simpática y entusiasmada con Barcelona. Frecuentaba y era bien conocida en los círculos literarios, sobre todo el de los escritores del “boom” latinoamericano instalados en la ciudad condal. Fue muy amiga del también colombiano Gabriel García Márquez, que vivió en Barcelona de 1967 a 1973.

Dueños de un imperio

Cecilia era hermana del abuelo de Tatiana, Julio Mario Santo Domingo, un magnate americano y una de las grandes fortunas mundiales. Julio Mario dirigía con éxito los negocios familiares, más bien un imperio que había iniciado su padre en Barranquilla, con una industria cervecera y él expandió por todos los sectores de la economía a través de más de 200 empresas: la cerveza Bavaria, las aerolíneas Avianca, bancos, seguros, finanzas, petroquímica, medios de comunicación como el diario El Espectador o Radio y TV Caracol, energía, automóviles, comida rápida, cines, telefonía, inmobiliarias, agroindustria. Un verdadero imperio.

Pero Cecilia, que gozó del privilegio de una magnífica educación en Estados Unidos, no era para entonces más que una Estudiante de Literatura en París. Millonaria, eso sí. Cecilia solía viajar por Europa y recalaba a menudo en Barcelona, la ciudad que más empezaba a abrirse a la modernidad en aquellos años oscuros de la dictadura franquista.

En uno de los viajes conoció a Alfonso y él la llevó a descubrir un rincón de la costa catalana que la dejó impresionada: Cadaqués, junto al cabo de Creus. Un lugar mágico, no sólo por la belleza del pintoresco pueblo marinero, sino también por haber sido tan frecuentado por artistas y escritores cuyas vidas y obras ella descubría en la universidad de París: Dalí, los surrealistas, Eluard, Lorca, Buñuel, Picasso, Duchamp, Matisse...

Cadaqués, pueblo donde Alfonso rehabilitó varias casas de pescadores, la prendó. Alfonso la enamoró. La boda fue en París y el domicilio quedó establecido en un piso de la parte alta de Barcelona, la calle Juan Sebastián Bach. Ella prosiguió sus estudios, ahora de literatura española, en la Universidad de Barcelona.

La hamburguesa del Flash Flash

Fueron once años de una vida feliz y despreocupada. Alfonso era ya un arquitecto reconocido, junto a su socio de despacho el prestigioso Federico Correa. En los ambientes de la burguesía ilustrada, entonces punta de lanza de la modernidad, conocieron a Leopoldo Pomés, el fotógrafo. Con él y su esposa Karin Leinz, viajaron mucho. Y de estos viajes surgió la idea de montar un restaurante que satisficiera sus gustos –por lo demás, nada sofisticados. Así crearon la tortillería Flash Flash, inaugurada en 1970 junto a la calle Tuset, núcleo entonces de la Barcelona más cosmopolita.

Con interiorismo de Milá y Correa, decorado con imágenes de una fotógrafa con gorra (Karin Leinz, fotografiada por su marido Pomés), Flash Flash abrió en 1970 con un diseño y una oferta originales. Un lugar sencillo, confortable, sin pretensiones y sirviendo comida de calidad. Fue, y sigue siendo cuatro décadas después, un gran éxito. Tanto de sus tortillas como, sobre todo, de unes excelentes  hamburguesas que el establecimiento supo dignificar.

El éxito de las hamburgueses fue una aportación directa de Cecilia Santo Domingo, que se empeñó en copiar la receta de los mejores restaurantes de Estados Unidos. Este fue el secreto. Alfonso y Cecilia comían casi a diario en el Flash Flash, que innovó también en otro aspecto del interiorismo: los lavabos. Fue el primer local de Barcelona que empezó a cuidar todos los detalles en busca de la comodidad y la higiene de estos espacios.

La víspera del día de su muerte, Cecilia estuvo trabajando hasta tarde en casa en un estudio literario. “Tengo los ojos cruzados de tanto leer”, comentó con gracia poco antes de acostarse. No tenía ninguna enfermedad, su salud era excelente, su ánimo vivísimo. Por la mañana murió. Un accidente cardiovascular le produjo un edema pulmonar. Tenia 36 años. Su marido aún estaba en casa y nada pudo hacer.

Fue un golpe durísimo que Alfonso jamás consiguió superar. Sufrió un gran shock. La familia se volcó en su cuidado. Mercedes y otras primas se turnaban cuidándole en su domicilio.

Alfonso murió en 2009 a los 85 años. A lo largo de su carrera recibió numerosos premios y dejó, con su socio Federico Correa obras muy representativas de Barcelona: el anillo olímpico de Montjuïc, la torre Atalaya, los edificios de Habitat y la Diputación, entre otros. Fue muy apreciado como persona y reconocido en su carrera. Pero nunca olvidó aquel gran disgusto. Nunca más volvió a casarse. Murió con el recuerdo de su primer y gran amor: la bella Cecilia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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