Con cara de pocos amigos

Kiko Rivera e Irene Rosales, rumores de crisis en su regreso de luna de miel

Los recién casados se reencontraron con su hija en medio de la polémica

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Una comentada llegada

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Rumores de crisis

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Sin gestos de cariño

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Kiko, con su hija

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Irene, con su perro

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¿Hay traiciones en el círculo de Kiko Rivera?

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25 de octubre de 2016, 09:50

Con cara de pocos amigos. Así han regresado Kiko Rivera e Irene Rosales de su luna de miel. Una actitud que provoca que los rumores de un fuerte distanciamiento cobren más fuerza. Ayer por la tarde, Kiko Hernández se tiraba a la piscina en su programa y dejaba caer la bomba de una posible crisis nada más estrenar su matrimonio: "Testigos que les han visto en el avión aseguran que no se han dirigido la palabra y estaban discutidos".

De ser ciertos estos rumores, lo bueno habría durado bien poco. Tras disfrutar de su luna de miel primero en Dubai y después en Islas Maldivas, Kiko Rivera e Irene Rosales ya se encuentran de regreso en Sevilla junto a su pequeña Ana antes de lo previsto. El matrimonio aterrizaba en el aeropuerto de Madrid y de allí cogían un AVE que les llevó hasta Sevilla. En la capital hispalense lo primero que hicieron fue ir a buscar a su hija, con la que estaban deseando reencontrarse. A juzgar por sus rostros, su regreso no parecía estar siendo lo feliz que se presupone un fin de luna de miel. Una actitud en la pareja que sigue echando más leña al fuego.

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Una vez en su casa volvieron a mostrarse muy distantes. El DJ cogía a su hija en brazos y se le veía encantado de poder estar nuevamente con ella. Por su parte, Irene se encargó del perrito y de sacar del maletero todos los objetos personales de su hija, que había llevado hasta casa de su madre, en donde se ha quedado todo el tiempo que ella y su marido han permanecido de viaje. En la estación de Santa Justa, el hijo de Isabel Pantoja guardó absoluto silencio y no quiso responder a ninguna de las preguntas.

Con cascos, escuchando música, y una camiseta del pato Lucas, Kiko caminó en dirección a la puerta de salida sin querer contestar ni siquiera cuando se le preguntó si era cierto que su hermana estaba molesta, porque él se había reído de su novio, Alejandro. Llegaba cansado del largo viaje y también un poco enfadado por la persecución a la que ha sido sometido durante todo el tiempo que ha durado su viaje de luna de miel. El tiempo es el que podrán las cosas en su lugar y el que dirá si esto es un enfado de enamorados o si es algo más.

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