Un símbolo de la lucha contra la leucemia

Familiares y amigos dan el último y más emocionado adiós a Pablo Raéz

Marbella homenajea al joven, fallecido el sábado, y se vuelca con sus padres y su hermana, destrozada por su pérdida

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Un ejemplo de lucha

27 de febrero de 2017, 13:45

En su corta vida, nos ha dado una lección de lucha y altruismo como pocas. Pablo Raéz pasará a la historia por haber conseguido que se multiplicaran por 4 las donaciones de médula ósea gracias a su mensaje vitalista que se hizo viral. A Pablo, que fallecía el sábado a los 20 años tras más de dos años de lucha contra la leucemia, le recordaremos siempre con el brazo sacando bíceps y diciendo "Siempre fuerte".

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El joven ha recibido un sentido y multitudinario homenaje en la iglesia de La Encarnación, donde la ciudad de Marbella ha querido arropar a sus padres, Francisco y Rosamary, y a su hermana Esther, que vivía volcada a la recuperación de su hermano. Un triste giro de los acontecimientos y la propia naturaleza de Pablo, cuyo organismo ha rechazado todas los transplantes a los que se ha sometido, hacían que este semana, ya muy debilitado, dijera basta.

El Ayuntamiento de Marbella ha declarado dos días de luto oficial. La iglesia de La Encarnación ha sido protagonista del momento más conmovedor del triste adiós a Pablo. Sus amigos sacaban a hombros su féretro, y la multitud, que había ido a despedirse de él y a reconfortar a su familia, le homenajeaba imitando su gesto con el brazo y rompiendo el respetuoso silencio que había envuelto toda la ceremonia con un atronador aplauso. Franciso, Rosamary, Esther y los porteadores se rompían de emoción ante las muestras de cariño y el pensamiento de que no volverán a ver a Pablo.

Los homenajes a Pablo, que era incinerado tras la misa funeral, no se van a quedar ahí. A la medalla de la ciudad, que se le concederá ahora a título póstumo, se añade la iniciativa de sus vecinos, que han empezado a movilizarse para que le concedan una calle en su ciudad.

La semana pasada Pablo Raéz decidía no continuar con el tratamiento, que le había debilitado mucho. Como ha confesado su madre Rosamary, el joven les comunicó que quería descansar en paz. “No puedo más, tiro la toalla”, les dijo mostrando su deseo de dejar el hospital Carlos Haya y despedirse de los suyos en la tranquilidad de su casa.

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