Durante su concierto en Madrid

Enrique Iglesias le devuelve la sonrisa a Isabel Preysler

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gtres

17 de noviembre de 2014, 17:30

Ha tardado mucho en llegar el día en el que Isabel Preysler recuperase la sonrisa, pero esa fecha ha llegado y ha sido con su presencia en el concierto que celebró en Madrid su hijo, Enrique Iglesias, donde pudimos verla como un miembro del público más, disfrutando y olvidando por unas horas su pena.

 

El tormento para Isabel Preysler comenzó con la trágica muerte el mes pasado de su marido, Miguel Boyer, víctima a los setenta y cinco años de una embolia pulmonar. El mimo, dedicación y sacrificio que su mujer puso en su cuidado desde que el exministro sufriera un derrame cerebral, fue extremo. Es por ello, que su sorprendente deceso debido a otra consecuencia bien diferente, fue un jarro de agua fría para la familia Presyler.

 

Desde entonces, Isabel guarda un luto muy severo, ha cerrado su casa a cal y canto, ha anulado todos sus compromisos, solo responde a llamadas de familiares o de amigos y está pasado por el momento más delicado, dando el trago más amargo a su vida.

 

Sin embargo, el aterrizaje de Enrique Iglesias en Madrid para llevar a cabo su show en el Palacio de los Deportes, sirvió como excusa perfecta para aliviar el luto de su madre, para sacarla de casa e intentar que esbozase una sonrisa viendo cómo se desenvolvía su hijo sobre el escenario ante alrededor de quince mil personas. Allí estuvo, en las gradas, con algunos miembros de su familia, soliviantando su dolor mientras duró el concierto. A su lado estuvieron sus hijas, Tamara Falcó y Ana Boyer, además de Enrique Solís y Fernando Verdasco. El tenista se ha volcado con la familia Preysler en este momento tan complicado y se ha convertido en un baluarte para Ana y su madre. Tal es así que Isabel le considera ya como a un hijo.

 

Enrique Iglesias volvía a actuar en su ciudad natal más de dos años después y el público le esperaba ansioso. La novedad más significativa desde entonces fue que esta vez llegaba en calidad de soltero, tras poner fin a su relación de trece años con la tenista Anna Kournikova, fruto del desgaste. Mientras que él prefería mantener la soltería, Anna estaba deseando pasar por el altar, un paso que Iglesias no estaba aún dispuesto a dar.

 

El concierto no fue excesivamente brillante pero sí que satisfizo las exigencias de unos fans deseando bailar y corear sus últimos éxitos, además de sus canciones más románticas, típicas de su primera etapa como artista, dos décadas atrás.

 

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