La propuesta

El largo viaje de Mario Gas y Vicky Peña en el Marquina

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Vicky Peña y mario gas
Gtres

12 de septiembre de 2014, 14:00

Por CONCHI ÁLVAREZ DE CIENFUEGOS

 

Llega a Madrid una de las grandes obras del dramaturgo Eugene O’Neill, ‘El largo viaje del día hacia la noche’, interpretada por dos grandes de la escena, Mario Gas y Vicky Peña, quienes se meten en la piel de los padres del escritor. Da la csualidad, además, de que Peña y Gas habían sido pareja e incluso tienen una hija en común, joven que también es actriz.

 

Hasta el 30 de noviembre, en el teatro Marquina de Madrid, el espectador puede adentrarse en la vida de este ganador del premio Nobel, que escribió la obra basándose en sus experiencias personales, de ahí que Peña y Gas interpreten a los padres del insigne escritor.

 

La obra, ganadora del premio Pulitzer en 1957, está magistralmente dirigida por Juan José Alfonso, y transcurre durante un único día del verano de 1912. Las tensiones de la familia se desatan cuando Mary Tyrone (Peña) vuelve a casa después de haber recibido su tratamiento por la adicción a la morfina que padece, y de la que parece no haberse curado. La esperan sus dos hijos, Jamie (Alberto Iglesias) y Edmund (Juan Díaz), y su marido, James (Gas), que no tardarán en airear los problemas y rencillas que permanecían ocultos; además, el menor de los hermanos anuncia la más devastadora de las noticias: padece tuberculosis (en la vida real este falleció por sarampión).

 

Se enfrenta así Vicky Peña, una vez más, a un personaje con el alma destrozada. Experta en conseguir que se le erice el vello a quien la oye interpretar, Peña asume el papel de la difícil y rota madre de O’Neill, quien, tras el fallecimiento de su segundo hijo, Edmund, verdaderamente se convirtió en adicta a la morfina, una adicción que consiguió aislarla no sólo de su dolor, sino también de los suyos. Es, por tanto, ella quien lleva todo el peso de la obra sobre sus, aparentes, frágiles hombros, con permiso del genio de Gas, que también tiene parte de la ‘culpa’ del sentimiento que provoca el espectáculo en el espectador, ese ser testigos del derrumbe de una familia tan real que hace que nos preguntemos si lo que tenemos delante de verdad es ficción o está sucediendo a la vista del entregado público.

 

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