Conchita Wurst ha visitado Barcelona y ha deslumbrado con su vestido rojo pasión

"Edurne tiene serias posibilidades de ganar Eurovisión"

¿Y tú qué opinas?

Conchita en Barcelona
Lluis Bou

19 de marzo de 2015, 00:52

Foto Lluis Bou

 

Conchita Wurst (26) es una mujer felina. Fascina con su espectacular físico, rompe esquemas con su estudiada barba y conquista con la sinceridad de su sonrisa. Saltó a la fama por ganar el año pasado el Festival de Eurovisión y este año será la encargada de presentar la edición más especial del certamen: la número cincuenta. La intérprete de ‘Rise like a phoenix’ se encuentra rodando por diversas ciudades europeas promocionando la ciudad que va a acoger el festival este año, Viena. En su parada en Barcelona se ha vestido de rojo pasión y ha hablado de Edurne, la potente elección eurovisiva de nuestro país, los obstáculos con los que se ha encontrado para ser aceptada y de su otro ‘Yo’, Thomas Neuwirth. 

 

Este año vas a presentar Eurovisión. ¿Qué Conchita nos vamos a encontrar?
-Pues para ser honesta, estoy muy nerviosa, porque ser la anfitriona de un festival como Eurovisión no es algo que haga de forma cotidiana. Mi trabajo consistirá en estar con los participantes, hablando con ellos y viendo cómo se sienten. Es una gran oportunidad y una gran responsabilidad volver a Eurovisión. Los participantes estarán viviendo unos momentos de gran concentración y mi misión será que disfruten de la música y de las dos semanas que van a pasar allí los participantes, porque estarán viviendo su sueño realmente.

 

¿Crees que Edurne la representante española  este año tiene posibilidades?
-La he conocido hoy y me ha parecido una chica encantadora y preciosa. Adoro el tema que va a cantar y el vídeo que ha grabado. Es increíble y la encuentro muy completa. Y eso es muy  importante a la hora de interpretar muy bien. Creo que ella lo consigue y sí que tiene serias posibilidades de ganar este año.

 

Hiciste muy buenas migas con Ruth Lorenzo. ¿Sigues teniendo contacto con ella?
-Hablo constantemente por WhatsApp, incluso me ha dado su parecer de cómo está quedando mi último disco, porque lo ha escuchado y le está gustando. Es algo que valoro mucho. Desafortunadamente, no nos vemos todo lo que nos gustaría, porque vivimos muy lejos y estamos con nuestras respectivas carreras, pero somos muy amigas y espero que volvamos a coincidir pronto.

 

Transmites unas vibraciones muy buenas y tienes una alegría contagiosa, a pesar de haber tenido unas experiencias tan duras como los abusos que recibiste en tu infancia. ¿Te ha ayudado a encontrar este estado no mirar al pasado con rencor y aceptar tu homosexualidad?
-Sí, de hecho es lo que he querido expresar en mi última canción ‘Unstoppable’ (‘Imparable’). Me he encontrado en una auténtica encrucijada muy pronto en mi vida y al final lo que debes hacer es decidir de qué modo quieres superarlo y continuar adelante. ¿Soy la víctima o soy la que decide cómo vivir mi vida? Y lo que decidí fue focalizarme en todas las cosas buenas que me han pasado en la vida. Y las cosas pasan por alguna razón y para que continúes adelante.

 

¿Y cómo se llevan Thomas y Conchita? ¿Es una relación compleja la de estos dos alter egos?

-Pues un poco complicada por el tema del tiempo. No tengo suficiente tiempo para Thomas ni tampoco suficiente tiempo para mí. Es todo bastante equilibrado, pero sí que es verdad que Conchita se está comiendo a Thomas. Cada vez paso más tiempo siendo ella, pero a cada uno le intento dar su espacio. Igualmente, disfruto de cada una de estas partes de mi vida, tanto del personaje de Conchita como de la persona que soy. Soy una persona con un corazón, pero con el cerebro ocupado por dos personas, pero no supone ningún problema para mí.

 

Y en cuanto al disco que estás acabando, ¿cuál es el espíritu que lo define?

-Va a ser un disco muy completo. Habrá vivencias personales como cuando me han roto el corazón, por la que todos hemos pasado. La gente se sentirá muy identificada, porque tiene momentos más de sufrir y otros más bailables y de pasarlo bien.

 

Por Glòria Fernández