Pide matrimonio a David todos los días y espera que "por pesada" le diga que sí

Cristina Pedroche: "si fuera por mí, me habría casado hace tres meses"

¿Y tú qué opinas?

Cristina Pedroche
Pedro Pernía

21 de mayo de 2015, 10:26

Le pide matrimonio todos los días. Y espera que “por pesada”, David al final le diga que sí. Porque a Cristina Pedroche no se le resiste nada. La presentadora está que rebosa felicidad y, sí, se casa este año, pero todavía no tiene fecha. “Desde que dije que me casaba, ya estáis todos buscándome vestido de novia”, replica la de Vallecas que hace unos días confesaba la noticia a Lecturas.

 

Pero claro, es que si por ella hubiera sido, habría pasado por el altar hace tres meses porque “estamos muy enamorados, somos muy pesados y es lo que pasa”. El lunes estrena Pekín Express en el 'prime time' de Antena3, el concurso extremo que le ha cambiado la vida. Primero porque le separó de su chico, el cocinero David Muñoz, cuando llevaban poquísimo juntos y esa separación le hizo calibrar lo muy enamorada que estaba, y segundo, porque viendo la miseria del sudeste asiático y las ganas de vivir de sus gentes, pese a la adversidad, ha sido una lección de vida. De hecho, afirma que en esta vida solo quiere ser feliz y al lado del hombre que ama. “Para toda la vida”.

 

Tienes las manos heladas, Cristina.
Los nervios

 

¿De verdad?
Sí. Estoy histérica.

 

No me lo creo…
Es que ha sido una experiencia muy dura. Ha sido todo maravilloso, pero muy duro. Y quiero que compense. A ver, me he sentido muy arropada, muy mimada, muy apoyada por el equipo, por la cadena, pero ahora quiero sentirme arropada por la audiencia. Son nervios de ilusión.

 

Y de responsabilidad…
Lógicamente. Es un 'prime time', es algo más serio, es mi primer programa en solitario, soy la presentadora… Y sí, los protagonistas son los aventureros, pero sé que voy a tener muchos ojos mirándome. Espero estar a la altura. Para mí, lo he estado, pero ahora espero las críticas que vendrán.

 

¿Chocará tu registro serio?
A ver, serio… Una cosa es estar seria y otra, como enfadada, como la Srta. Rottenmeyer… No sé si tienes hijos o sobrinos o primos pequeños, pero cuando estás con ellos, juegas, y estás de risas, pero cuando hay que hacer los deberes o tienes que comer y se ponen farrucos, te tienes que poner serio. Todos tenemos registros distintos. Ahora, tú y yo estamos serios porque estamos trabajando, pero si nos fuéramos a tomar una caña estaríamos de otra manera. Así es como estoy en el programa. Quiero que la gente lo entienda. Que soy una persona de emociones, que llora, que se ríe, pero que tengo que ejercer el papel de que llevo las riendas. Luego, ya sabes, son 18 horas trabajando y es imposible mantener ese rol todo el rato.

 

¿Viste las anteriores ediciones del concurso con Jesús Vázquez, Paula Vázquez o Raquel Sánchez Silva? ¿Los has tomado como referencia?
Mira, por muchas referencias que tomes, cada uno es cada uno. Claro que los vi y les admiro a los tres un montón, pero yo soy Cristina Pedroche, a la que vas a ver en un registro distinto. Vale que en vez de buscar la risa, voy a ser más estricta, me tendré que reír por dentro, pero voy a ser yo. Como te digo, es imposible fingir lo que no se es, y hacer un papel continuamente.

 

Da la sensación que desde que volviste de Asia estás distinta, que emocionalmente, te ha cambiado. Que estás más a flor de piel. Que abres tu corazón sin problema, que nos cuentas que te casas, que no tienes cortapisas...
Bueno, antes de Pekín ya había conocido a David y sí, él y el amor me ha cambiado la vida, porque el amor te hace eso, y cuando llegó el momento de irse a Pekín estábamos muy muy unidos y nos teníamos que separar un mes y eso era muy duro, pero allí me di cuenta de que solo iba a ser un mes, que iba a pasar el resto de mi vida con él y que no pasaba nada por estar solo unos días separados… Es que ha sido un viaje pero también emocional. He vuelto distinta. Con David ya era distinta, pero es que he vuelto más distinta todavía, sobre todo en la forma de vivir. Ahora pienso, vivimos una sola vez y voy a disfrutarlo al máximo todo el rato.

 

Te ha cambiado la escala de valores, sobre todo, los materiales ¿no?
Antes me estresaba porque llegaba tarde, porque había tráfico, porque no me quedaba bien el vaquero o porque me decían que comía mucho y que estoy gorda, por chorradas de esas por las que te complicas la vida a ti misma. Allí ves a gente que no tiene nada, ni para comida y dices: Soy tonta, cómo me agobiaba antes por esas tonterías cuando esta gente que no tiene nada, todo te lo da con una risa. Es una lección de vida. Cómo no voy a ser otra… claro, luego llegas a Madrid y valoras todo mucho más. Darte una ducha sin chanclas… ¡Ay Dios mío! Apoyando bien el pie. Y esto no lo digas, 40 minutos bajo el agua, un agua que puedo tragar… que la de allí piensas: Ay que no se me meta por ningún sitio… Y los bichos, ay los bichos… El primer día, antes de grabar me dijeron: tú, con los muslos apretados, el pecho adelante y proyectando la voz. Lo de los muslos prietos lo hacía desde que me despertaba hasta que me acostaba y hasta durmiendo. Si es que me daba hasta miedo hacer pis, lo tenía que hacer en un agujero y mi maquilladora me tenía que coger la mano…

 

No me extraña nada que te emociones… Con qué ganas habrás cogido también a David…
A él porque estoy enamorada, figúrate, pero a mi madre… A mi madre le digo muchas más veces que la quiero. Que a mi madre la he amado desde que nací, pero ya sabes que los hijos somos un poco rancios y no lo expresamos…

 

Les echabas mucho de menos…
Jo, imagínate… A mi chico, a mi familia… pero también la comida, poder ir al gimnasio, la limpieza, la organización. Es que dormir cada día en un sitio no es lo mío. Aún tengo pesadillas o me despierto sin saber dónde estoy.

 

Hablando de comida, ¿qué especialmente? ¿La de David, la de tu madre?
Hombre, la de David, es que es la de un tres Estrellas Michelín…

 

Cuando te oiga tu madre…
A mi madre no le gusta cocinar. Ella con David está feliz. Está siempre como todas la madres: Muy bien hija, pero ¿has comido? ¿Te han dado bien de comer? Ahora, tranquilísima.

 

Aunque ahora con el estreno, se cebarán las redes sociales…
Ya ya, me meten caña. Haga lo que haga… Pero estoy preparada para todo…

 

¿Llevarás transparencias?
(risas) Nooooo

 

¿Te preocupan esas críticas?
Las toreo bastante bien. Cuando empecé en este mundo me dijeron: que solo te preocupen las críticas de tu familia y de la gente que te quiere y te conoce, así que, cómo me va a afectar lo que me diga una persona en Twitter que tiene de avatar un huevo. Que me diga qué mal lo haces. Pero ¿quién es? Sería como discutir con una pared. Hay veces que me meto a ver quién es quien me insulta y está detrás de ese huevo y veo que tiene 0 seguidores, que se ha abierto una cuenta para decirme que estoy gorda… y ¿tú? ¡Que tienes cara de huevo! En serio, ¿voy a discutir con una persona que tiene un huevo como foto de perfil? No ha habido nunca nadie que me haya parado por la calle y me haya dicho: Cristina, qué mal lo haces, qué mal me caes y estás gorda.

 

Bueno, y ¿cuando te casas?
No hay fecha, pero estamos trabajando en ello.

 

Vamos, que se te calentó la boca el otro día…
Noooo. Qué va. Este año me caso, pero desde que dije que me casaba, todos me queréis poner ya el vestido de novia.

 

¿Ese es tu próximo reto, casarte?
Ya no tengo retos fijos ni objetivos claros. Sólo quiero ser feliz, tener a la gente que me hace feliz, hacer proyectos que me hagan feliz y, el resto de cosas que no me den felicidad, fuera. Para qué quiero gente que me da puñaladas por la espalda ¿no?

 

Yo, empeñado con la fecha…
(risas) A ver que sí, que quiero casarme, ser madre y formar mi propia familia, que todo eso va a llegar, pero que no tengo prisa. Y vale, que sí, que la boda es este año, pero que si por mí hubiera sido ya me habría casado hace tres meses. Yo se lo pido a David todos los días, a ver si por pesada me dice que si.

 

No me digas que se lo pides tú
Todos los días y él a mí. Somos muy pesados y estamos muy enamorados. Y eso es lo que pasa. Es maravilloso.

 

Por Luis Nemolato

 

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