Así han sido sus primeros 18 años de vida

Chabelita, de su adopción a su maternidad

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Chabelita Pantoja
Gtres

7 de marzo de 2014, 09:50

Fue un mes agónico de hace 18 años, durante el cual Isabel Pantoja recuerda que residió en un hotel de Lima con una pequeña de seis meses llamada Andrea Celeste. El nombre del bebé apareció cada uno de esos 30 días en los periódicos, por si alguien lo reclamaba, tal como estipulaban las leyes de adopción peruanas. Nadie lo hizo, y Andrea Celeste se convirtió en María Isabel Pantoja Marín, el mismo nombre y los dos apellidos que su famosísima madre adoptiva. Pese a que la tonadillera insistió en que no se la llamara Chabelita –“¡Es Isabel, que además es nombre de reina!”— el cariñoso diminutivo la ha acompañado hasta hoy.

"Que no toquen a mi niña, ¡me cargo a quien sea!"

En 1996, Lecturas anunciaba en primicia la adopción de Chabelita. Sobre la icónica imagen del presidente de Perú, Alberto Fujimori, con Isabel Pantoja en traje chaqueta rojo y su pequeña sobrevoló enseguida el fantasma de la corrupción. La prensa peruana llegó a especular que la tonadillera había recibido un trato de favor a cambio de pagar unos 60.000 euros. La tonadillera lo negó categóricamente y reaccionó como una leona: “Que no me toquen a mi niña, me cargo a quien sea, ¡a quien sea!”. Isabel, además, dijo que eligió Perú por motivos sentimentales, pues era un país muy querido por su difunto marido, Paquirri.

Isabel Pantoja tuvo que declarar ante la justicia peruana hasta dos veces, en 2003 y en 2007. La segunda vez a instancias de la mujer que ejerció de guardaespaldas de la tonadillera, que aseguraba haber presenciado los sobornos de Pantoja a las autoridades peruanas. La tonadillera fue absuelta por falta de pruebas y la adopción de la niña se consideró legal.

Extrema protección

Chabelita llegó a España cuando Isabel Pantoja y María del Monte eran uña y carne. Las imágenes de las dos ‘mámás’ con la pequeña, todas vestidas de gitana, marcaron una época. Dicen que la Pantoja no ha sido nunca tan feliz. Kiko, al que Chabelita adora, fue su padrino de bautizo. María ejerció de madrina. El distanciamiento de las dos tonadilleras años más tarde debió suponer un duro golpe para la pequeña, muy unida a María del Monte, con la que, al parecer, mantiene una mínima comunicación.

Cuando tenía 20 meses, en Estepona, Chabelita se subió con su madre al escenario. Cogió el micrófono, se arremangó la falda e hizo un amago de zapateado. La Pantoja había hecho lo mismo con Kiko en muchas ocasiones, y esta vez se cuidó mucho de exponer a su hija más allá de estos breves cameos. El día a día de la pequeña transcurrió tras los muros de la urbanización madrileña de La Moraleja, o en las fincas La Pera, en Marbella, o Cantora, en Cádiz. Cerca de ella siempre estaba Dulce, su niñera y más tarde amiga, que actualmente ha regresado a Cantora para acompañarla durante su embarazo.

Isabel y chabelita
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La noche que se llevaron a mamá

Cuando contaba 11 años, Chabelita fue testigo de cómo una noche la policía entraba en su domicilio y detenía a su madre, que pasó una noche en el calabozo por el ‘caso Malaya’. Una noche que no olvidará en su vida.

Al llegar a la adolescencia Chabelita coqueteó con sus sueños. Por un lado, desfiló para una pasarela flamenca. Por otro, quiso montar un grupo musical y llegó a buscar un bajista, un pianista y un guitarrista a través de internet. La relación con su madre, hasta ahora, parecía excelente. Prueba de ello fue el día de su Confirmación: las dos no se soltaron la mano y Chabelita, incluso, se había comprado dos vestidos para que su madre eligiera el que más le gustaba.

El pasado año, se echó su primer novio, Manuel Amador, un guitarrista de 19 años. Chabelita le invitó a la fiesta de su 17 cumpleaños en la casa de Kiko en Madrid y le presentó a su madre. La Pantoja se quedó muda, ha recordado el joven. Se produjo el primer roce serio entre madre e hija. La reacción de Isabel fue tajante: Chabelita fue trasladada a un internado en Jerez de la Frontera.

La distancia no supuso el olvido: Chabelita contaba a sus compañeras que cuando cumpliera 18 años pensaba fugarse con Manuel. El olvido llegó más bien por imposición: un día se enteró que Manuel se había prometido con otra. Empañadas las lágrimas, sus ojos se empezaron a abrir para Alberto Isla, el padre de su bebé. Alberto ha sido quien, de un plumazo, ha roto la perenne imagen de niña que teníamos de la hija de la tonadillera. Cuando un periodista le preguntaba hace unos días por Chabelita, él, cortante, matizaba: “Chabelita no, Isabel”.

Chabelita