En ‘Cámbiame’

Carlota Corredera acaba llorando al hablar de la relación con su madre

La presentadora rompe su ‘caparazón’ ante una de las historias más emotivas del programa

Carlota Corredera
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Carlota Corredera 3. Hoy, las lágrimas han sido cosa de Carlota

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Carlota Corredera 5. La historia de Rocío

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Carlota Corredera. Cuando se ha roto

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Carlota Corredera 1. Reconocimiento a su madre

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Carlota Corredera 2. Continuos gestos de cariño

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Madres famosas Presentadores famosos Cámbiame

18 de septiembre de 2017, 17:16

Carlota Corredera no derrama ni una undécima parte de las lágrimas que vierten sus compañeros en ‘Cámbiame’. La gallega no se puede comparar, ni de lejos, con la manera en la que se emociona Cristina Rodríguez, pero hoy, la historia que ocupaba el programa, le ha llegado al corazón y ha acabado rompiéndose. Carlota ha llorado como pocas veces la habíamos visto.

La protagonista del cambio de hoy era Rocío, una gallega que vive sola en una aldea que consta de solo una casita. Ella había sido abandonada por su madre, y fue criada por su abuelos, pero ya de adolescente le tocó hacerse cargo de ellos, y de su hermana. La joven ahora ha hecho realidad su sueño: recorrer la provincia llevando su música a todos los rincones que quieran contar con ella. Pero Rocío siente que no tiene un look acorde con su profesión de artista, así que acudió al programa a pedir ayuda con este asunto.

Carlota Corredera, para la que su madre es todo un ejemplo a seguir, se ha sentido tremendamente conmocionada tras saber la historia. “¿Tus primeros recuerdos de amor llegan a tu vida con tu hermana?”, preguntaba a la hermana de la ‘cambiada’, y ahí se quebraba. “Yo tengo una relación muy especial con mi madre, también la tengo con mi hija… y no me entra en la cabeza que alguien os haga lo que os ha hecho a vosotras vuestra madre”, decía con la voz roa y los ojos abrasados por las lágrimas.

Son incontables las veces que Carlota ha tenido palabras de cariño hacia Elisa, su madre, y le resulta incomprensible que haya mujeres y hombres que no quieran a sus hijos. Ella se refiere a su progenitora como “mi heroína, mi religión, mi diosa, mi referente, mi ejemplo, te quiero y admiro hasta el infinito”. Por tanto, le apena sobremanera que haya personas que no hayan experimentado una sensación semejante.

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